Jornada en Santander sobre las habilidades invisibles de la PRL, con Natalia Fdez. Laviada y Rafael Delgado

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Fraternidad-Muprespa

La prevención no empieza cuando damos una instrucción, empieza cuando conseguimos que esa instrucción pueda ser escuchada. Esta ha sido una de las ideas que marcaron la jornada “Habilidades invisibles que transforman la prevención”, celebrada el jueves 24 en Santander. 

Organizada por la Asociación de Técnicos Superiores en Prevención de Riesgos Laborales de Cantabria (ATSPRLC) y el Instituto Cántabro de Seguridad y Salud en el Trabajo (ICASST) y con la participación de Fraternidad‑Muprespa, el encuentro reunió a profesionales de la seguridad y salud laboral, técnicos de prevención, responsables de RR. HH. y representantes institucionales de la región.

Abrió la jornada Ana González, directora del ICASST, y Enrique Rodríguez, presidente de la ATSPRLC fue el encargado de la presentación de la misma, articulada en torno a las ponencias de Natalia Fernández Laviada, subdirectora General de Prevención, Calidad y Comunicación de Fraternidad-Muprespa, y Rafael Delgado, consultor de Prevención de la Mutua en Córdoba.

Creatividad para transformar la prevención

Fernández Laviada destacó que la creatividad y la innovación son hoy habilidades esenciales para transformar la prevención, especialmente en un entorno laboral marcado por la digitalización, automatización y la necesidad de influir en las conductas reales de las personas, cuando la atención es tan dispersa y la lectura tan escasa.

Explicó asimismo que la creatividad no es un talento reservado a unos pocos, sino una capacidad absolutamente entrenable que permite ver problemas que otros no ven, combinar ideas y generar soluciones originales. Para ello, es imprescindible tener una mente abierta, superar sesgos inconscientes, trabajar con metodología y desarrollar hábitos mentales que favorezcan la flexibilidad, la curiosidad y la capacidad de replantear lo aprendido.

La ponencia recorrió las fases del proceso creativo, las premisas necesarias para estimularlo, las claves para potenciarlo y las técnicas prácticas que pueden aplicar los profesionales de la prevención para innovar en su día a día. También abordó el impacto de la IA generativa, el pensamiento convergente y divergente, y la importancia de saber vender las ideas para que puedan implantarse en las organizaciones.

El mensaje final fue claro: la creatividad y la innovación no son un complemento, sino una competencia estratégica para avanzar en la cultura preventiva, mejorar la toma de decisiones y generar soluciones más humanas, eficaces y adaptadas a los retos del siglo XXI.

Conductas, emociones y conexión interpersonal

Por su parte Rafael Delgado centró su intervención en aspectos vinculados a una correcta prevención de riesgos laborales, desde el análisis conductual aplicado a la prevención y la gestión emocional personal, a la toma de decisiones y la comunicación de impacto para técnicos de PRL, pasando por la escucha activa, la conexión interpersonal y la gestión de equipos y de los conflictos. 

Delgado aseguró que “en prevención, saber qué hay que hacer no garantiza que lo hagamos. La clave está en comprender qué mueve nuestras conductas” y recordó que las conductas inseguras son solo la punta del iceberg tras el cual pueden existir factores como la habituación, el exceso de confianza, la presión productiva o la necesidad de reconocimiento.

También insistió en que la conexión interpersonal no es un elemento accesorio, sino un componente decisivo para que una instrucción, una corrección o una conversación difícil pueda ser recibida sin resistencia. “Antes de intentar influir en otra persona, debemos preguntarnos: ¿desde qué estado estoy interviniendo yo?”, señaló. Su intervención dejó una idea central: detrás de cada conducta preventiva hay una persona, y para influir en sus decisiones es imprescindible comprender su contexto, su estado y la relación que establecemos con ella.

La sesión concluyó con dos mensajes clave: la prevención avanza cuando entendemos que no solo gestionamos riesgos, sino personas, y que las habilidades invisibles, como la empatía, la escucha, la regulación emocional y la calidad de la relación, pueden transformar la forma en que se construyen entornos seguros.

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