Un dispositivo electrónico indica si el modo de aislamiento está activado o no

Habitaciones de aislamiento, una 'separación' amistosa

Ámbito sanitario
Autor
Fraternidad-Muprespa

“Si China estornuda, el mundo entero se resfría”. Todos hemos oído alguna vez esta expresión, usada a modo de metafórico proverbio oriental, para decir que la economía mundial depende del estado de la economía del gigante asiático. Este mes, lo metafórico ha dado paso a lo literal y la aparición del coronavirus en la ciudad de Wuhan ha llegado ya, globalización mediante, a varios puntos del planeta. 

Desde el inicio del brote hasta hoy, y según datos del Ministerio de Sanidad, se han confirmado 6.060 casos, 5.974 en China y el resto, 86, en otros 14 países. A 28 de enero, última actualización de datos por parte del Ministerio de Sanidad, hay 1.239 casos en estado grave y han fallecido 132 personas desde el inicio del brote.

El tratamiento requiere hospitalización en una habitación de aislamiento, unas habitaciones que la ley española obliga a construir en los hospitales de nuestro país. En este artículo vamos a explicar cuáles son las especiales características de estas habitaciones, que no sólo ayudan a pacientes con problemas respiratorios sino que evitan contagios de diversa índole. 

El Hospital Fraternidad-Muprespa Habana dispone de 50 habitaciones. De ellas cuatro cuentan con elementos “invisibles” que aportan seguridad al tratamiento. Pero ¿en qué difiere una habitación ‘normal’ de una de aislamiento? Hay dos diferencias fundamentales: las puertas tienen un sistema de doble esclusa, es decir, para que se abra una, la otra tiene que estar cerrada. En la zona intermedia existe una mesa con la bata, guantes y mascarilla que debe ponerse el personal sanitario y desechar al terminar.  
La otra diferencia es que podemos elegir qué presión hay en la habitación: negativa, si buscamos que el aire de fuera pueda entrar en la habitación pero que el de su interior no salga, o positiva si buscamos que la circulación del aire vaya desde el interior de la estancia hacia el exterior. 

En el caso de pacientes con afecciones respiratorias graves, con la presión negativa no se diseminan los microorganismos que hay dentro de la habitación, que son patógenos muy resistentes. “Una vez dentro de la habitación hay que cerrar las puertas y atender al paciente normalmente. Al finalizar la cura, la toma de tensión, de temperatura, etc., se desecha en un cubo especial la ropa y material fungible con el que se ha tratado al paciente. Al salir, entre las dos puertas hay que lavarse las manos con solución hidroalcohólica. Las manos no han tocado en ningún momento al paciente, de modo que no hay posibilidad de diseminar microorganismos al resto de pacientes”, explica Caridad Amador, directora de enfermería del Hospital Fraternidad-Muprespa Habana

Estas habitaciones también sirven para evitar las infecciones nosocomiales, las que se pueden contraer en los hospitales, dada la presencia de patógenos que ‘viven’ en el ámbito hospitalario y que son resistentes a los antibióticos. “Son imprescindibles en los hospitales, primero por imperativo legal de la Comunidad de Madrid, y segundo, porque las infecciones nosocomiales son cada vez más frecuentes, y la vía de transmisión es siempre el personal sanitario. De ahí la importancia de lavarse bien las manos, llevar las uñas cortas y sin pintar o evitar los anillos ya que los patógenos se adhieren con gran facilidad a ellos”, explica la responsable de enfermería del centro. Además, el material no desechable, como fonendos o termómetros, aunque ya no se comparte entre pacientes, se limpia meticulosamente tras cada uso. Las habitaciones de aislamiento también previenen el contagio por gotas (enfermedades que se transmiten por las gotitas de saliva, como la gripe) o por vía aérea (por ejemplo, la tuberculosis). 

Para pacientes inmunodeprimidos, estas habitaciones permiten también el aislamiento que necesitan. Por ejemplo, un paciente que está recibiendo quimioterapia y al que le bajan mucho las defensas necesita protegerse de lo que puedan contagiarle el resto de pacientes. Cambiando a positiva la presión de la estancia, el aire saldrá de la habitación y no entrará el de fuera.  Y en el día a día ¿qué mantenimiento requiere esta habitación? En el caso de que esté ocupada por un paciente infeccioso el protocolo de limpieza es más exigente, prácticamente como el de un quirófano.

En estas habitaciones se hacen controles microbiológicos con periodicidad mensual para garantizar que no hay presencia de ningún patógeno

Todo ello redunda en mayor seguridad para el paciente, que, eso sí, vive una experiencia de hospitalización más dura pues no puede salir libremente de la habitación. Cuando tiene que salir, por ejemplo para hacerse una prueba, es pertinente adoptar precauciones especiales. Se les cita al final del día, salen siempre vestidos con EPI’s (Equipos de Protección Individual) y cuando se han hecho la prueba, se limpia la máquina para evitar el contagio al resto de usuarios. Sus visitas también están restringidas y sus acompañantes tienen que vestir EPI´s y recurrir constantemente a la solución hidroalcohólica.