Protegiendo derechos, construyendo igualdad: el 8M de una graduada social
Soy Conchita Araujo, graduada social, y desde 2024, trabajadora de Fraternidad-Muprespa, en el Departamento de Comunicación y Relaciones Institucionales. De niña soñaba con ser enfermera, curar heridas, ayudar a los demás, ¡Qué labor tan bonita! Mi abuela solía decirme: “Hazte matrona, qué maravilla, aunque … qué responsabilidad ayudar a traer vidas al mundo”. Mi abuelo, que cumplía años el 8 de marzo, me sentaba en sus rodillas y me contaba historias fantásticas de príncipes en las que yo siempre era la princesa.
Con el tiempo la vida me llevó por otro rumbo y elegí formarme como graduado social. Una profesión diferente, pero que compartía la misma esencia. Podía aportar mi granito de arena a la sociedad y ayudar también a los demás de otra manera.
Mi padre me dijo: “Hija, has hecho una buena elección, saldrás especializada en Derecho del Trabajo y Seguridad Social. Si estudias Derecho como yo, luego tendrás que especializarte, y la tendencia es la especialización”. Mi madre, como tantas mujeres que entregaron su vida al cuidado de su familia numerosa, me apoyó desde el primer momento. Siempre tuvo claro que debía labrarme un futuro.
Hoy, como graduado social, sigo manteniendo esa vocación de cuidado. Si la enfermería protege la salud, nuestra profesión protege derechos. Si el personal sanitario acompaña en la enfermedad, nosotros acompañamos en los momentos de incertidumbre laboral, en la negociación, en el conflicto, en la búsqueda de equilibrio entre empresa y trabajador, mediamos para conseguir llegar a soluciones justas para las partes.
En definitiva, cuidar también es proteger la dignidad y los derechos de quienes confían en nosotros.
Mi profesión me ha permitido estar en primera línea de aquello que dio origen al Día de la Mujer: la defensa de condiciones laborales dignas. Durante mucho tiempo fue conocido como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora porque nació ligado a la reivindicación de condiciones laborales dignas, a jornadas justas, a la seguridad en el trabajo, al reconocimiento profesional y a la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.
Desde mi experiencia profesional he podido comprobar que aquellas reivindicaciones no pertenecen solo al pasado. He velado por los intereses de empresas y trabajadores, buscando el equilibrio necesario para que la actividad económica y la protección social caminen de la mano. He visto cómo la normativa laboral avanza, cómo se consolidan derechos y cómo las organizaciones incorporan progresivamente políticas de igualdad y prevención. Pero también he observado cómo muchas mujeres siguen asumiendo mayoritariamente las reducciones de jornada para el cuidado familiar; cómo la maternidad puede impactar en la trayectoria profesional; cómo la conciliación continúa siendo, en demasiadas ocasiones, un desafío personal más que una responsabilidad compartida. Y he visto, al mismo tiempo, el compromiso de algunas empresas por construir entornos laborales más seguros y justos. En una sociedad en la que la prevención de riesgos laborales y la protección frente a contingencias profesionales ocupan un lugar tan importante, no podemos olvidar que la igualdad también forma parte de la salud laboral.
Las condiciones de trabajo, la estabilidad, el reconocimiento y la ausencia de discriminación influyen directamente en el bienestar físico y emocional de las personas.
He tenido mucha suerte de no sentirme discriminada en el ámbito profesional. Mi primera oportunidad laboral me la dio un gestor administrativo, que acudió a la bolsa de trabajo del Colegio Oficial de Graduados Sociales de Madrid, y enseguida me animó a acudir a los SMAC y a inspecciones de trabajo. Muchas años después di el paso de representar ante la Jurisdicción Social al grupo de empresas para el que trabajaba, gracias a mi jefe que ocupaba la Dirección de Recursos Humanos de la compañía.
El paso de “Día de la Mujer Trabajadora” a “Día de la Mujer” supuso una visión más amplia. Hoy hablamos de liderazgo femenino, de corresponsabilidad, de igualdad real, de presencia en todos los ámbitos de decisión. Pero no debemos olvidar que la raíz de esta conmemoración está en el trabajo, en la dignidad laboral y en la justicia social. Como mujer y como profesional comprometida con la justicia social, estoy segura de que nuestra labor diaria contribuye, de manera silenciosa pero constante, a ese objetivo. Este 8 de marzo no solo celebramos los avances conseguidos, sino también el compromiso de seguir trabajando por una sociedad en la que la igualdad no sea una aspiración, sino una realidad.
Cada asesoramiento, cada mediación, cada procedimiento gestionado con rigor y humanidad es una pequeña pieza en la construcción de un entorno laboral más justo.
Porque velar por los intereses de los demás, ya sea en un hospital o en el ámbito jurídico laboral, sigue siendo, en esencia, una misma vocación: la de cuidar. Y la justicia social no es solo un lema para los graduados sociales, debe ser un compromiso de todos.
Si algo he aprendido en mi trayectoria es que cuidar no siempre implica llevar bata blanca. A veces significa estudiar un expediente con responsabilidad, escuchar con empatía, explicar con claridad y defender con firmeza la posición más justa para las partes implicadas en un conflicto. Significa comprender que detrás de cada contrato, de cada nómina, de cada accidente, de cada baja o de cada conflicto, hay personas.
Tras haber desarrollado parte de mi carrera como asesora externa y otra dedicada a la gestión de personal y a las relaciones laborales, he tenido la gran oportunidad de incorporarme al departamento de Comunicación y Relaciones Institucionales de Fraternidad-Muprespa. En esta etapa he comprendido que mi recorrido profesional tenía un sentido. No habría podido llegar hasta aquí sin la experiencia y aprendizaje anterior. Ahora formo parte de una entidad cuya función como mutua colaboradora con la Seguridad Social es cuidar de los demás, acompañar a las trabajadoras y trabajadores en momentos de dificultad, y ayudar a sus mutualistas y colaboradores a construir entornos laborales más seguros y responsables.
No solo protegemos el accidente de trabajo o la enfermedad profesional, además contribuimos a impulsar una cultura preventiva y de respeto en la que convivan los intereses de las personas, hombres y mujeres, en armonía.
Cuidamos y ayudamos a cuidar, también como consultores en prevención, convencidos de que la salud laboral, la igualdad y la justicia social forman parte de un mismo compromiso con las personas y con la sociedad.
Este 8 de marzo doy gracias a todas esas mujeres que, como yo, persiguen día a día lograr una sociedad que camine en armonía, con igualdad de oportunidades y basada en el consenso. Su esfuerzo, compromiso y valentía nos recuerdan que cada pequeño paso hacia la justicia social y la igualdad cuenta, y que juntas y juntos, seguiremos construyendo un mundo más justo para todos. Y gracias de corazón a todas las personas que han formado y forman parte de mi vida, tanto en lo personal como en lo profesional, y a todas esas mujeres y hombres que han confiado en mí.